sábado, 29 de agosto de 2009

LA REBELDÍA, LOS TERRIBLES DOS AÑOS O LA ESTOY MALCRIANDO

Llevamos, creo que en el punto más alto de la crisis, un mes. Todo empezó a apuntarse a la vuelta de Gran Canaria con 26 meses (abajo está el post que escribí en Crianza natural, importante, porque creo que es el comienzo de todo).

Sandra está en un estado de rebeldía provocador. Parece que quiere probar algo, ¿mi amor hacia ella?, ¿si hay unos límites definidos? Siempre había sido una niña fácil de llevar y colaboradora. Ahora parece que se dedica a hacer aquellas cosas que sabe que no se hacen como saltar en el sofá, meter la mano en el vaso, ir a la carretera sin mi mano, pegar, echar arena a otro. Nunca antes había pegado al prójimo y ha empezado a hacerlo, primero probando conmigo. Hay veces que siento que necesita que la siga tratando como a un bebé, que siente que yo ya la trato como a un mayor y sigue necesitando la mirada constante y la atención al cien por cien. Porque me doy cuenta de que estas cosas aparecen cuando hay una bajada de atención por mi parte (bueno, no siempre): cuando hablo por teléfono, cuando viene Pilita, cuando hemos ido al parque y yo he estoy hablando con alguien, cuando la baño y la dejo en la bañera para ir haciendo algo de la cena, cuando viene alguien que no le gusta y mamá habla y habla.

A veces también siento que está como descosida, que tiene una energía inmensa que necesita descargar: se pega unas carreras y grita al mismo tiempo. Grita mucho y antes no lo hacía. Antes, la verdad es que pasaba más tiempo jugando con ella, porque casi era yo la que jugaba y ella me seguía, ahora el juego me aburre porque ella dirige y me ordena lo que tengo que hacer. Intento que no sea una mandamás del juego, pero entonces jugar es enfrentar posiciones y llega a cansar en vez de ser un momento de distensión. Pero es que creo que no es bueno que el juego solo sea como ella quiere.

Pienso también en la posibilidad de que sea falta de sueño. Se estaba acostando a las 0h y despertando a las 8h o un poco antes. Entonces la demanda es grande, gigante. Y como yo ya he probado lo que es que ella juegue mientras hago lo poquito que me requieren las tareas, me cuesta que me reclame todo el tiempo. Llevamos unos días acostándonos antes y su carácter es diferente.

El caso es que ayer tarde y hoy, después de haberme pinchado ayer en acupuntura, la cosa ha ido rodada, fluida, porque he dejado de obsesionarme con qué le está pasando y he pasado a entender que debe ser una demanda de atención, una llamada para hacerme entender que no es mayor a pesar de que su cuerpo, su habla y su comportamiento parecen indicar otra cosa. Y que la debo seguir tratando con suma paciencia, con amor y seguir informando tranquila de las cosas, una vez más, como si fuera la primera vez, y no dando por supuesto que debe saber ya cómo son las cosas.

Pero también lo que creo es que está probando hasta dónde puede llegar. El error está en enfadarme porque entonces la cosa acaba mu mal. Ante todo, tranquilité. Es como si las cosas que supiera y que ha aprendido sin resistencia, tratara de ver si son realmente inamovibles. O quizá de probar su poder ante mí, algo así como que se siente con poder para decidir ella a pesar de lo que yo diga.

Está también mi saturación mental que creo que ella percibe y al percibirlo se descuadra, no debe encajar bien ver a mamá cansada de ella y quizá entonces pruebe a ver si mamá sigue estando ahí. Porque es verdad que últimamente muchas veces estoy desconectada mentalmente. Y ella pide estar al cien por cien siempre.

Otra cosa que me viene a la mente es que tal vez en esta etapa se debe negociar, de llegar a acuerdos, porque si bien ella antes hacía lo que yo quería sin que tuviera que imponerme, ahora ella se da cuenta de que tiene voz y capacidad de actuar. Entonces como en toda relación se debe llegar a acuerdos, a ceder un poquito tú, un poquito yo. Y yo, tal y como estoy actuando, la estoy mostrando que seguimos como antes, que soy yo la que mando, y que además ya debe saberse las normas porque sino me enfado.

Seguiré contando cómo vamos.

Dos días después: Hoy estoy hablando por teléfono con Bea y ha cogido a Tala y le ha empezado a aplastar la cabeza con fuerza. He colgado a Bea y le he dicho que no sabía ya como decírselo y que se iba a quedar sola en la habitación. La he dejado ahí dos minutos, al comenzar a llorar la he sacado. No es la primera vez que agrede a Tala.

Luego muy bien el día hasta que hemos llegado al parque. Estábamos jugando en el parque con una pistola de agua, estaba super contenta. De repente ha empezado a caminar hacia atrás, le he dicho: cuidado, cuidado, que te chocas con una persona, cuidado! Entonces mira para atrás, estaba justo a detrás de ella, sentada, una señora y ha cogido y le ha dado con la mano. Pero, ¿por qué hace esto?. Este acto de provocación ante extraños lo ha hecho varias veces. No es pegarles fuerte, es dar como toquecitos, como probando a pegar sin hacer daño.

Entonces le he recordado las normas del parque, que ya hace días que le voy nombrando: no podemos echar arena, no podemos pegar, no podemos empujar a nadie en la plataforma y como estaba descalza no puede salir al caminito sin zapatos.

Un poco más tarde ha salido de la hierba descalza al camino. Esto ha sido la lucha del verano. La he cogido y le he dicho que sin zapatos no se puede salir al camino y como no sé ya como decírselo que se los pongo. Me he planteado en casa que no podemos quitarnos los zapatos, porque no está preparada para estar jugando y advertir cuando va correteando, en plena euforia, que sale de la zona permitida. Aunque en este caso antes de que saliera al caminito le he dicho: Espera!! Pero ni p... caso. Luego una chica mientras subía a la plataforma le ha dicho: esto es de mayores! Y ella ha dicho: no, niña. Pero nada convencida y en seguida ha mirado hacia mí. He intervenido. Luego estaba arriba con la niña que había sido insolente una vez más y Sandra le ha dado un empujón suave. He subido a por ella, que estaba diciendo: no! no! Porque sabe que nos vamos. Nos hemos ido del parque con ella llorando. Le he explicado el porqué y al poco lo ha aceptado. Estoy agotada.

En casa hemos hablado una vez más. Sin estar enfadadas.

10/Septiembre/2009

Ahora, creo, que se puede decir que ha sido una etapa de rebeldía que tenía que experimentar. De hecho siempre ha sido super buena, entonces creo que es que estaba experimentando lo que era pegar, desobedecer, echar arena. Estamos ya como antes, pero hay algo que continúa. Ahora todo lo experimenta mediante el juego, ya no pega (y no es que se hubiera convertido en pegona, sino que alguna vez lo hacía con alguien) pero jugamos a que ella es otra niña, yo mamá y Sandra un muñeco. Entonces Sandra (el muñeco) pega a Carolina o quien quiera que sea Sandra en ese momento. Carolina o quien sea le dice: no, que eso duele (pero nada convincente) y luego tengo que explicarle a Sandra (el muñeco) por qué no se hace. Lo tenemos que repetir varias veces. O también repetir una escena vivida de un niño que ha pegado o empujado. Resulta cansino. No es lo único que reproducimos. Casi todo lo que vive, luego tenemos que representarlo. Ella siempre es otra niña. Espero que cuando empiece el cole quiera seguir representando lo que le ha pasado, así me enteraré de qué se cuece en su clase.

Con esto me doy cuenta de que los niños pasan por etapas. Ninguna es fija. Tienen que aprender un montón y están evolucionando continuamente. Me arrepiento de haber sido rígida y enfadarme cuando tenía estos comportamientos. Pues ha sido algo sano, algo que tenía que vivir, ya que lo ve continuamente en el parque. Debería haber sido más paciente y más amorosa.

Hubo también otra etapa en la que pedía las cosas de una forma un poco arrogante. Si quería agua decía: AGUA! Y antes de esto siempre decía: Quiero agua. Duró unas semanas. Le pedía que me lo dijera de una forma más amable porque no me gustaba esa manera. Y ya está. Pasó. Así que a ver si aprendo. Que con paciencia y amor estos pequeños maravillosos siempre acaban por hacerlo de una forma agradable todo.

--------------------------------------------------------------------------------

ESCRITO EN EL FORO DE CRIANZA NATURAL CUANDO SANDRA CASI TENIA 27 MESES. PRIMERA PREOCUPACIÓN POR INICIO DE REBELDÍA.

Sandra tiene casi 27 meses. Hasta ahora la he considerado de carácter fácil y apacible. Si yo le cantaba una canción o empezaba un juego ella enseguida se sumaba al juego. Bueno, pues ahora parece que casi no puedo abrir la boca porque es cansadísimo: si canto, ella me salta con que no cante y es capaz de ponerse a llorar, si hago algo jugando... "por qué has hecho ....? no quiero, no, no".
Cualquier cosa que hay que hacer como vestirse o lavarse es un no. Me cuesta un gran esfuerzo llevar el asunto por una vía amistosa. Al principio yo le decía que si no quería que le cantara una canción pues no lo hacía, pero ahora es tal la limitación que me impone que ya le digo que si por ejemplo ella quiere cantar una canción es libre de hacerlo y que para mí es lo mismo. Porque de verdad es que es cualquier cosita que hago o digo, ella me salta con el por qué o con la negación y siempre con cara de estar afectándola mucho. Me he llegado a sentir con miedo por abrir la boca. Y entonces he llegado a la conclusión de que tampoco puede ser así, que ella también tendrá que aceptar que yo haga uso de mi espontaneidad. No lo hago imponiéndome, sino explicándole y buscando la vía adecuada.

Antes jamás se oponía a vestirse, a bañarse, a comer. Ahora hasta ir a la calle es NO.

Son esto el comienzo de las rabietas? Son estas las rabietas en sí? Porque si hiciera con ella una lucha por hacer lo que yo quisiera fijo que acababa la cosa en pataleta. Hasta ahora solamente en dos ocasiones ha tenido pataleta furiosa y han sido las dos por tener que ir a dormir, cosa que nunca ha querido. Y eso que se acostaba por entonces a las doce!!!

Me da miedo gestionar mal estas situaciones, porque pienso que se me puede ir de las manos y de repente tener a una hija que sea todo enfrentamiento conmigo. Necesito que me digáis que es pasajero, que pasará y volverá a ser la niña alegre de antes.

Y otra cosa molto importante! Ha empezado a decir cuando viene alguien más (vivimos solas, soy madre soltera) que no quiere conmigo, que me vaya, que no le gusta mamá! Ay, madre y que mal me sentía. Yo al principio le decía que si no quería conmigo que no pasaba nada que la llevaba mi hermana, por ejemplo. Pero ahora se ha formalizado tanto, se ha hecho tan frecuente, que a veces le explico que creo que no es que no le guste mamá sino que ahora prefiere con Pili y que no pasa nada, que la lleva Pili. Pero me queda por dentro una duda: y si realmente quiere decir que no le gusta mamá? Y a veces le digo que no, que ahora voy a empujar yo el carrito o voy a llevarla yo en brazos porque ahora es el momento de que lo haga yo, que en otro momento la llevará Pili. Y la verdad es que lo está aceptando. Desde luego, tampoco le hago una imposición salvaje, sino que intento no estar a merced de su constante volubilidad.

Y otra cosa, ¿es normal a su edad preguntar ya por qué ante cualquier cosa? Todo es ¿por qué?

Ay, necesito ánimos, de verdad.




Llevamos 3 días geniales. Sigue diciéndome a todo que no, pero algo ha cambiado. Ya no me inquieta tanto esta negación continua y la contesto de forma natural. Antes tenía algo de miedo porque lo sentía un poco como rechazo hacia mí o con culpa por algo que estaría haciendo mal. Cariwita, no creas que al no tener la figura de separación no le he dado vueltas a este tema con el consiguiente sentimiento de culpabilidad porque siento que tengo que hacer algo como buscarme un amante o un trabajo apasionante (como dice Gutman). Pero realmente no creo que sea eso, sino que de verdad creo que es una etapa y que tiene que ver con mi forma de encajar sus deseos.

El caso es que he dejado de buscar mi culpa por todas partes y me he dado cuenta de que al inquietarme tanto el asunto lo manejaba torpemente. Ahora contesto de forma espontánea, a veces haciendo el payaso, a veces explicándole que si yo quiero bailar tengo que ser libre de hacerlo y le pongo un ejemplo del parque y NO SE ENFADA, sino que se conduce el asunto por el terreno amistoso. Pero lo importante es lo que siento, que ya no me veo cómo la culpable por sus contestaciones, ni me digo obsesionada que está cambiando su carácter, que se va a convertir en una mimada y que no volverá a ser la niña alegre de antes. A lo mejor estos tres días no significan nada y esta tarde vuelve todo a lo de antes, ya veremos.

También creo que tiene que ver con mi saturación, estoy sola con ella todo el día y por fin he cogido una canguro (ya la había cogido en otras ocasiones). Creo que también al estar yo más despejada, reina un ambiente más natural, más distendido y jovial.

Me paso esto mismo otra vez cuando cogí a la canguro por primera vez. La cojo cuatro días en semana dos horas para descargar. Ni va a la guardería, ni trabajo, ni tengo pareja. Entonces muchos días nos los pasamos nosotras solas y se me hace realmente duro. En esa época comenzó a ponerse triste y llorar a veces sin motivo aparente, y yo me sentía fatal. Hasta que dejé de sentirme culpable por no poder estar con ella las 24h fresca e ilusionada. Me convencí de que era necesario para mí disponer de algo de tiempo y entonces ella cambió. Ellos tienen que detectar estos estados de ánimo, estoy segura porque el cambió fue total.

No hay comentarios:

Publicar un comentario